Cuentos populares para niños

Descubre las apasionantes historias con cuentos y fábulas populares

La ratita presumida

Hansel y Gretel

El mago de Oz

Ricitos de oro y los tres osos

Los músicos de Brema

La ratita presumida

La ratita presumida

Había una vez una ratita muy coqueta y muy preocupada por estar siempre radiante ante los demás. Además de presumida, la ratita era muy trabajadora y tenía un carácter muy alegre. Le encantaba tener siempre la casa reluciente para recibir visitas de sus amigos.

Una mañana estaba barriendo la puerta de su casa a la vez que cantaba: “Tralara, … larita barro mi casita” cuando de repente le llamó la atención algo que brillaba en el suelo. Se acercó a ver de qué se trataba y era una moneda de oro. La ratita cogió la moneda y pensó: “¿Qué puedo comprarme con esta moneda?” 

Tras unos segundos se le ocurrió comprar caramelos pero posteriormente pensó que sería demasiado dulce. La segunda cosa que se le ocurrió fue comprar un broche que realzara su belleza, pero luego pensó que quizás se pincharía haciéndose daño. Finalmente, tras pensar un rato se decidió por comprar un lazo para su colita y se dirigió a la tienda para elegir el más bonito.

Cuando llegó a casa, la ratita presumida se colocó el lacito en la colita y se asomó a la ventana para distraerse un buen rato con los vecinos que pasaban. La ratita estaba resplandeciente con su lacito. El primero en pasar por allí fue un perro que al verla le dijo: “¡Ratita, ratita, qué bonita estás! ¿Te gustaría casarte conmigo?”- La ratita contestó: “¿Y por las noches que harás?” -“ladrar y ladrar” respondió el perro.  La ratita rechazó la propuesta del perro diciéndole que la asustaría con los ladridos. El perro algo cabizbajo por el rechazo abandonó el lugar.

Minutos más tarde apareció un gato que al verla le expresó: “¡Ratita, ratita qué guapa estás! ¿Querrías casarte conmigo?” La ratita respondió: “Querido gato, ¿y por las noches qué harás? El gato dijo: “Miau, miau”. La ratita prosiguió “No no, que me asustarás. Vete, vete”. El gato también se marchó de la casa.

Al cabo del rato apareció un lindo ratón que cuando la vio se enamoró y le dijo: “Ratita, ratita, que bella estás. ¿Te casarías conmigo?”. La ratita presumida una vez más preguntó: ¿pero tú qué harás por las noches? El pequeño ratón respondió “dormir y callar, dormir y callar”. La ratita emocionada con la respuesta del ratón prosiguió: “Pues contigo me he de casar”. La parejita de ratones se casó y vivieron felices para siempre. 

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Hansel y Gretel

Hansel y Gretel

Había una vez un pobre leñador que vivía en el campo con sus dos hijos pequeños; un niño llamado Hansel y una niña llamada Gretel. El leñador había vuelto a contraer matrimonio tras el fallecimiento de la madre de los pequeños con una malvada esposa, para la que los niños suponían un problema.

Cuando llegó una época de hambruna en la región, la madrastra que solo pensaba en salvar su vida y la de su marido, convenció al padre para abandonar a los niños con dos trozos de pan en mitad del bosque. Su intención era que los niños no pudieran volver a casa. La conversación entre los dos adultos fue escuchada por los niños y Hansel, para tranquilizar a su hermana, le dijo: “Tranquila, tengo la solución. Cogeremos piedras y las dejaremos caer para marcar el camino de regreso”.

A la mañana siguiente sus padres los despertaron y los llevaron al bosque, mientras los niños iban arrojando las piedras que les devolverían a casa. Tras el abandono en el bosque, los niños se durmieron un rato para descansar y cuando salió la luna, siguieron la ruta que le marcaba las piedras arrojadas hasta llegar a su hogar.

Cuando la madrastra los vio aparecer no podía creérselo y decidió llevarlos aún más adentro del bosque para que no pudieran regresar.

Hansel, consciente de las artimañas de su madrastra, pensó recabar piedras de nuevo, pero no pudo salir a por ellas, porque la puerta estaba cerrada. Así que, a la mañana siguiente, cuando sus padres los llevaron al bosque, el pequeño usó su trozo de pan para ir dejando migas por todo el camino. Cuando los pequeños intentaron volver a casa no encontraron el camino, puesto que las migas de pan habian sido devoradas por los pájaros del bosque. Los niños quedaron perdidos.

Al cabo de dos días de intentos y caminatas para volver a casa sin éxito alguno, los niños llegaron a una casa muy peculiar. La casita estaba hecha de dulces completamente. Los techos eran de chocolate, las paredes de mazapán, las ventanas de caramelo y las puertas de turrón. Los niños, que llevaban dos días sin apenas probar bocado, al verla empezaron a comérsela. Cuando estaban entusiasmados comiendo, apareció una vieja que los engañó invitándolos a entrar para darle hospedaje.

Una vez dentro de la casa, la vieja que era una bruja malvada los cogió de prisioneros y les dijo que se los iba a comer. Los niños asustados no paraban de llorar. La bruja mantuvo encerrado a Hansel dándole de comer para conseguir que engordara y estuviera más sabroso, y a Gretel la hizo trabajar como su criada. Cada mañana la bruja obligaba a Hansel a sacar el dedo por el barrote de la celda para comprobar que había engordado. Hansel que era muy listo la engañaba con un hueso que había encontrado en el interior de la celda.

Tras varios días, la bruja se cansó de esperar y decidió comerse a Hansel. Para ello, le hizo preparar el horno a la pobre Gretel. La niña se hizo la tonta diciéndole que no sabía preparar el horno y la vieja mosqueada fue a mostrarle cómo hacerlo. Cuando la bruja se asomó al horno, Gretel la empujó dentro y cerró el horno. La bruja murió carbonizada y Gretel liberó a su hermano.

Los dos hermanos rebuscaron por la casa y encontraron un montón de piedras preciosas y perlas y se las llevaron. Pusieron rumbo con la intención de salir del bosque y tras horas caminando, consiguieron regresar a casa. Su padre, que había quedado muy apenado tras abandonarlos, los recibió con júbilo y les contó que su malvada esposa había muerto. Los niños vaciaron sus bolsillos y el padre se sorprendió al ver tantas piedras preciosas. En la casa de Hansel y Gretel nunca se volvió a padecer necesidad y vivieron felices los tres juntos.

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El mago de Oz

El mago de Oz

Había una vez una niña llamada Dorita que vivía en una granja de Kansas con sus tíos y su perro Totó. La niña adoraba a su fiel cachorro y le encantaba jugar y pasear con él. Un buen día, durante uno de sus paseos, notó un fenómeno extraño; se trataba de un tornado que se aproximaba en dirección a su casa. Intentó huir con Totó para entrar en la casa, pero el tornado se los tragó.

A través del tornado, llegaron a un lugar desconocido para ellos, donde encontraron extraños personajes y un hada que les indicó que debían seguir el camino de baldosas amarillas para visitar al Mago de Oz que les ayudaría a regresar a casa.

En el camino se encontraron con un espantapájaros que quería encontrar al Mago de Oz para conseguir un cerebro con el que pensar. Trascurrido un rato, conocieron a un hombre de hojalata, cuyo mayor deseo era conseguir un corazón de verdad y más adelante se cruzaron con un león que lloraba de pena porque quería ser valiente. Dorita y Totó animaron al espantapájaros, al hombre de hojalata y al león a acompañarles a visitar al Mago de Oz para ver si podía ayudarles a cumplir sus deseos. Estos aceptaron la propuesta y juntos se pusieron en marcha.

Después de horas caminando, los amigos consiguieron llegar al país de Oz donde un guardián les abrió la puerta y les dirigió al lugar donde se encontraba el Mago de Oz. Le contaron sus deseos y éste prometió ayudarles a cambio de que ellos acabaran con la vida de la bruja más cruel del reino. Ellos aceptaron el acuerdo y pusieron rumbo a su objetivo; acabar con la malvada bruja.

Al salir del castillo, atravesaron un campo de amapolas y al respirar el intenso aroma cayeron en un profundo sueño y fueron secuestrados por una manada de monos que trabajaban para la malvada bruja. Al despertar y ver a la bruja se asustaron y Dorita, en un impulso, arrojó un cubo de agua a la cara de la bruja. De repente, el cuerpo de la bruja se trasformó en agua y desapareció. Sin saberlo, Dorita había roto el hechizo y la vieja mala nunca volvió a molestar a nadie.

Sus deseos se hicieron realidad excepto el de Dorita y Totó que seguían sin poder volver a casa. Acudieron a ver al Mago de Oz y Totó, que era un perro muy curioso, observó que el mago era un anciano y que había creado un globo mágico para abandonar el país de Oz. Dorita y Totó se montaron con él en el globo, pero Totó, al asomarse a ver las vistas, se cayó y Dorita saltó para salvar a su amigo. Mientras caía, la niña soñó que un hada le decía: “Si quieres regresar a casa, tendrás que repetirte a ti mismo <<en ningún sitio se está como en casa>>. Y la joven así hizo. Cuando despertó del sueño, oyó el grito de sus tíos. Todo había sido un bonito sueño que nunca olvidaría y en el que había hecho grandes amigos.

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Ricitos de oro y los tres osos

Ricitos de oro y los tres osos

Había una vez tres ositos que vivían en el medio del bosque en una linda casita. Eran el papá, la mamá y el hijo de estos, de corta edad.  A los ositos les encantaba disfrutar de la naturaleza y cada día, después de hacer los quehaceres de la casa, salían a dar un paseo por el bosque en familia.

Un buen día, mientras los ositos daban su matutino paseo, una niña cuyo nombre era Ricitos de Oro vio la linda casita y se acercó asomándose a la ventana. Todo estaba tan perfectamente ordenado  y tan impecable que la niña que era muy curiosa decidió entrar.

Después de curiosear durante un rato, Ricitos de Oro empezó a sentir hambre y vio una apetitosa taza de copos de avena que tenía preparada la Mamá Oso. Sobre la mesa había tres tazones de diferentes tamaños con copos de avena. En primer lugar, Ricitos de Oro probó la taza más grande, pero no le gustó el sabor. A continuación, se dirigió a la taza mediana que estaba algo fría. Así que decidió probar la taza pequeñita, que estaba a la temperatura ideal para ella y si le gustó como sabían. La niña se bebió toda los copos de avena.

Cuando terminó de comer, decidió subir a cotillear por las habitaciones y encontró tres camitas también de diferentes alturas y tamaños y decidió recostarse. La cama grande era demasiada alta, la cama mediana era demasiado baja y la cama pequeña era ideal para su tamaño y se sintió tan cómoda que se quedó profundamente dormida sobre ella.

Cuando llegaron los tres ositos a la casa, el papá oso nada más entrar vio la cuchara metida en su taza y dijo: “¡Alguien ha probado mi taza de copos de avena!”. La mamá oso también notó que su taza también había sido probada. Sin embargo, el osito pequeño entristecido exclamó: “¡Alguien se ha tomado mi taza de copos de avena y se la tomado entera!”.

Después los tres osos se dirigieron a la habitación y el papá oso grito: ¡Alguien se ha acostado en mi cama! La mamá prosiguió: “¡Y en la mía también se ha acostado alguien!”. El pequeño osito al ver a Ricitos de Oro durmiendo sobre su cama exclamó: “Alguien se ha acostado en mi cama y sigue durmiendo en ella!”. Ricitos de Oro, al escuchar la voz del osito pequeño se despertó y al verlos, asustada salió corriendo por la ventana. Tremendo fue el susto para Ricitos de Oro, quenunca volvió a entrar en casa ajena sin pedir permiso.

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Los músicos de Brema

Los músicos de Brema

Erase una vez un pobre asno que había trabajado toda su vida para un viejo labrador sirviéndole fielmente. El asno, tras trabajar duro durante muchos años, se sentía debilitado y ya no tenía muchas fuerzas para cargar peso. El amo, al ver que ya no podía sacar provecho de él, pensó en la idea de matarlo y venderlo, pero el asno se dio cuenta de sus planes y decidió huir por el camino que llevaba a Brema con la intención de buscar futuro como músico del pueblo.

Tras caminar durante algunas horas, el asno se cruzó en el camino con un perro que estaba ladrando y que parecía algo cansado tras una larga carrera para cazar alguna presa. El asno le preguntó al perro: “Querido amigo, ¿Por qué ladras de esa manera?”. El perro le respondió: “Camarada, soy viejo y voy perdiendo las fuerzas. A mi amo ya no le sirvo y ha querido matarme y me he escapado antes. No sé cómo voy a ganarme la vida ahora”.

El asno, algo apenado ante su historia, le dijo: “No temas amigo, yo voy a Brema para hacerme músico, ¿por qué no te vienes conmigo? Quizás te reciban en la banda también. Yo tocaré la trompeta y tú los timbales”. El perro, que no tenía muchas más opciones, aceptó y juntos retomaron el camino a Brema.

Unos metros más adelante, encontraron un gato que estaba muy triste porque su amo, como tenía una edad avanzada y ya no podía correr detrás de los ratones, había querido deshacerse de él y el pobre gato había huido. El asno y el perro le propusieron que los acompañara a Brema. El podría aportar una visión buena y clara sobre la música nocturna. El gato aceptó y marcho con ellos.

Al cabo de un rato, los tres amigos pasaron por la puerta de un corral donde había un gallo cantando. Le preguntaron por qué cantaba con tanta fuerza y el gallo les respondió: “Anunció el buen tiempo y mi ama ha preparado para celebrarlo una gran comida en casa mañana domingo y sin compasión le ha pedido a la cocinera que me guise con arroz. Ella piensa que ya no sirvo para cantar. Por eso, he gritado tanto para que vea que aún puedo”. -El asno le replicó: “Amigo Cresta Roja, no te quedes aquí, vente con nosotros a Brema, que seguro que encontrarás algo mejor que la muerte que te llegará si permaneces aquí. Nosotros vamos a tocar en la banda municipal. Tú que tienes buena voz, podrías cantar”. El gallo se unió y echaron a andar los cuatro amigos.

Cuando llegó la noche vieron una luz y se acercaron a ver si podían conseguir posada y algo para comer. El asno se aproximó a la casa, que era de unos ladrones, y miró por la ventana. Vio una mesa llena de manjares apetitosos y avisó a sus amigos. Juntos idearon un plan para asustar a los ladrones entrando en la casa y haciendo cada uno su música a la vez. El asno rebuznaba, el perro ladraba, el gato maullaba y el gallo cantaba. Los ladrones, al escuchar el espantoso ruido, salieron huyendo hacia el bosque. Entonces, los cuatro amigos se sentaron a la mesa a comer y se inflaron como si no hubiera un mañana.

Cuando terminaron de comer, apagaron las luces y se echaron a descansar. El asno se echó sobre el estiércol, el perro se acostó detrás de la puerta, el gato cerca de la chimenea y el gallo encima de una viga.

El capitán de los ladrones, al ver que no había luz, decidió volver a vengarse y mandó a uno de sus hombres. Al entrar, el gato le atacó arañándole la cara, al intentar huir, el perro le mordió la pierna, el asno le dio varias coces al pasar por el corral, mientras el gallo cantaba. El ladrón corrió a toda prisa para salir de allí y al llegar donde estaban los demás ladrones, le dijo al jefe: “Capitán, en nuestra casa hay una hechicera que me ha arañado, un hombre armado con un cuchillo me ha atravesado la pierna, un monstruo negro me ha aporreado a golpes con una maza y en lo alto del techo un juez decía: <<Traedlo aquí, traedlo aquí, delante de mi>> Por esta razón, he tenido que huir corriendo”. Los ladrones desistieron de intentar volver y los músicos de Brema se sintieron tan cómodos en ese hogar que se quedaron a vivir para siempre y vivieron felices.

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Cuentos cortos populares

Aprende cuentos populares infantiles para compartir con seres queridos

Si te digo que pienses en un cuento popular, ¿sabrías decirme alguno? ¿recuerdas a algún familiar relatar alguna bonita historia o leyenda? Los cuentos populares son una tradición del pueblo y vienen trasmitiéndose desde hace siglos de abuelos o padres a sus hijos. Es difícil encontrar a alguien a quien nunca le hayan contado algún cuento.

Ya sabes, no seas tú el único. Descubre alguno de los siguientes cuentos para niños populares leyendo tú o pide a alguien que te cuente la historia si prefieres un modo narrador.

Los cuentos populares permiten crear una gran riqueza cultural y darnos la posibilidad de acceder a un amplio vocabulario, pero no solo de aprender se trata ¿verdad? El aprendizaje si se acompaña de la diversión es más sencillo y provechoso para los más pequeños.

Mediante cuentos conocidos los más pequeños se distraerán y

Cuentos infantiles populares
dejarán volar su imaginación a través de las apasionantes historias que describen sus letras. Es importante que para que el cuento sea creíble y entusiasme a los más pequeños, elijamos cuentos que nos permitan gesticular y jugar con nuestra entonación de forma que al leerlo no se convierta en monótona, ya que podría aburrirlos.  

Hay cuentos de diferente extensión; algunos más cortos para cuando se disponga de menos tiempo para leer, y otros donde hay que prestar más atención a detalles y descripciones para no perder el hilo, por lo que es conveniente para ellos poder distraernos durante un rato más largo.

Descubre las leyendas que desde generaciones han pasado de padres a hijos y revela las enseñanzas y reflexiones que encierran cada uno de los cuentos populares. Encontrarás apasionantes cuentos como Ricitos de Oro, Los músicos de Brema, La Ratita presumida entre otras historias muy conocidas. Elije por cual vas a empezar y concéntrate en la historia para sacarle todo el jugo. Transportarse y vivir las aventuras de los cuentos es estupendo y muy divertido.

Cuando hayas leído los cuentos populares, si tienes ganas de continuar con la lectura puedes descubrir otras categorías de cuentos disponibles que también te apasionaran. Hay cuentos para todas las ocasiones; cuentos clásicos, cuentos para reflexionar, cuentos para dormir... ¡No lo dudes y descúbrelas ahora! Tan solo tienes que visitar la sección principal de cuentos.

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