Cuentos de princesas para niños

Vive románticas historias de amor con cuentos y fabulas sobre princesas

El príncipe rana

La princesa sobre el guisante

Las tres hilanderas

La bella durmiente

Los doce cazadores

El príncipe rana

El príncipe rana

Erase una vez un rey que vivía con sus hijas. Eran todas muy hermosas, pero la más pequeña era la más hermosa. Cerca del palacio, había un grande y profundo bosque, donde había una fuente.

La hija pequeña solía ir allí y se sentaba junto a la fuente. Solía llevar también una bola de oro que lanzaba hacia arriba y la volvía a coger. Pero un buen día, tiró la bola de oro a lo alto y no pudo cogerla. La bola se fue rodando hasta el agua donde cayó en lo más profundo.

La niña lloraba cada vez más fuerte, pero de repente una voz le preguntó, que hacía una niña tan sola y triste en el bosque. Encontró entonces, que la voz provenía de una rana que asomaba la cabeza fuera del agua.

La niña, aunque sorprendida, le contó el suceso de la bola a la rana, la cual le ofreció devolverle la bola a cambio de algo. La hija del rey desesperada aceptó darle a la rana cualquier cosa, sus vestidos, sus perlas y piedras preciosas, y hasta la corona que llevaba puesta.

La rana no quería nada de eso, tan solo le pidió a la niña que la amara, la tuviera a su lado como amiga y compañera de juegos; sentarse con ella en la mesa, darle de beber en su vaso de oro, comer de su plato, y acostarse en su cama.

La muchachita que estaba deseosa de recuperar su bola de oro aceptó el trato sin dudarlo ni un segundo.

Entonces la rana desapareció en el fondo y apareció al rato trayendo consigo la bola de oro. La hija del rey se puso muy contenta y se marchó con la rana.

Por el camino, la rana no podía seguir los pasos de la niña, que andaba muy rápido y estaba muy contenta.

Gritaba y gritaba la rana llamando a la princesa, que no le hacía mientras se alejaba más y más. La niña llego al castillo y se olvidó de la pobre rana, que volvió a quedarse en su fuente.

Al día siguiente, la rana fue a buscarla al castillo, pero cuando la niña vio a la rana le cerró la puerta, pues decía que la rana era muy fea. El rey que vio lo que pasó, le preguntó a su hija qué ocurría con la rana. La hermosa niña de contó lo sucedido al padre tristemente.

Entonces el rey le dijo a la niña que tenía que cumplir con su palabra, puesto que la rana había cumplido con su parte del trato.

Y así ocurrió, la rana entró y se quedó con ella. Se sentó en su silla, comió de su plato y a la hora de dormir se fueron a la cama. La niña puso a la rana en un rincón, pero la rana quería dormir en su cama y le dijo a la niña que, o dormía en la cama o se lo decía a su padre. La niña enfadada tiró a la rana contra la pared.

Entonces la rana se convirtió en un joven y apuesto príncipe. Se casaron y al día siguiente partieron para su país, donde vivieron felices.

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La princesa sobre el guisante

La princesa sobre el guisante

Erase una vez un príncipe que buscaba esposa, pero no una esposa cualquiera, sino que él deseaba casarse con una princesa que fuera auténtica. En su interés por desposar a una princesa, había conocido recorriendo el mundo muchas mujeres que decían serlo, pero el príncipe siempre encontraba algún impedimento, que le hacía sospechar que no se trataba de una princesa real.

Una noche, cuando el príncipe se encontraba muy triste por su infructuosa búsqueda, sonó la puerta del palacio. Estaba lloviendo a cantaros y los truenos y los relámpagos se escuchaban sin ton ni son. El anciano rey padre del príncipe se dirigió a la puerta. Detrás de ella, encontró a una joven bellísima empapada de agua que decía ser una princesa de verdad.

El rey la invitó a entrar y la presentó ante la reina que pensó para sí misma mientras la observaba: “Esta noche comprobaremos si eres una princesa auténtica”. La reina mandó prepararle una alcoba con un requisito especial. El servicio debía retirar los colchones, poner un guisante sobre el somier y colocar veinte colchones y veinte edredones encima. En lo alto de todo aquello, dormiría la joven.

A la mañana siguiente durante el desayuno, la reina y el rey le preguntaron a la joven: “¿Cómo has pasado la noche?”. A lo que ella respondió: “He tenido una noche muy mala, apenas he podido pegar ojo. Tengo el cuerpo lleno de cardenales”.

El príncipe, la reina y el rey se miraron de forma cómplice. Se trataba realmente de una princesa, puesto que solo una princesa, auténtica podía ser tan delicada para sentir el guisante. El príncipe la tomó por esposa y el guisante lo llevaron a un museo.

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Las tres hilanderas

Las tres hilanderas

Había una vez una joven muy perezosa a la que no le gustaba hilar. Su madre estaba tan desesperada con ella por su holgazanería que un día perdió la paciencia tanto que la golpeó y la muchacha comenzó a llorar.

La reina, que pasaba cerca en su coche, escuchó el llanto y decidió informarse de lo ocurría. Tras bajar de su vehículo y llamar a la puerta le preguntó a la madre por qué pegaba a su hija con tanta crueldad. La madre se sintió avergonzada y en lugar de decirle que era por su holgazanería, le refirió que era porque no quería dejar de hilar y ella no tenía recursos para permitírselo a todas horas. Entonces la reina le comentó: “Pocas cosas me gustan más que una rueca, así que yo puedo ofrecerle todo el hilo que desee. Déjeme que me lleve a su hija a palacio”. La madre aceptó y la joven acompañó a la Reina a Palacio.

Al llegar a palacio, la reina la llevó a un aposento y allí le mandó hilar todo el lino que encontrara. Una vez terminada esa habitación, debía continuar hilando otras dos alcobas más y si conseguía hacer todo el trabajo, el príncipe la desposaría.

La joven estaba enfadada, no sabía hacerlo y le parecía imposible hilar tanto lino. Cuando se quedó sola comenzó a llorar y estuvo tres días sin hilar. Al tercer día la reina la visitó y al ver que no había empezado, le recriminó. La joven se excusó diciendo que echaba de menos a su madre y la reina le hizo prometer que al día siguiente empezaría.

Un rato después, la niña se asomó a la ventana y vio a tres mujeres peculiares; la primera tenía un pie muy ancho y muy largo, la segunda un labio inferior enorme y la tercera el dedo pulgar largo y aplastado. Las tres mujeres la miraron y le preguntaron que le ocurría. La niña les contó su historia y las tres mujeres se ofrecieron a ayudarla a cambio de ser invitadas a la boda cuando se celebrase.

La niña aceptó el ofrecimiento de las tres señoras y las metió en palacio. Comenzaron a trabajar; una hilaba la estopa y daba vueltas a la rueda, la otra mojaba el hilo y la tercera torcía el hilo. Pronto acabaron todo el trabajo y la joven mandó a llamar a la reina mientras las hilanderas permanecían escondidas.

Cuando la reina vio el resultado, le gustó tanto que mandó llamar a su hijo para organizar la boda. Llegado el día de la boda, las tres hilanderas fueron presentadas como las primas de la joven e invitadas al enlace en la mesa principal.

El príncipe, al ver a tres mujeres tan feas, le preguntó a cada una de ellas cual era la razón de que tuvieran el pie tan grande, el labio tan caído y el dedo tan largo y las tres hilanderas le respondieron que se debía a dar vueltas a la rueca, mojar el hilo y torcer el hilo respectivamente. El príncipe temiendo que a su esposa le pasara lo mismo, le impidió volver a hilar y ella lo celebró interiormente llena de júbilo porque no le gustaba nada.

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La bella durmiente

La bella durmiente

Había una vez un rey y una reina que estaban deseosos por tener un hijo. Un buen día, mientras la reina se bañaba saltó una rana en el agua diciéndole que antes de un año vería cumplido su deseo dando a luz a una hija.

Trascurrido el año, la predicción de la rana se cumplió y la reina dio a luz a una preciosa niña. El rey lo celebró con un gran banquete al que invitó a treces hadas de su reino. Sin embargo, al banquete solo podían asistir doce porque no había más cubiertos de oro.

Al terminar el banquete, cada una de las hadas en señal de agradecimiento, regaló un don diferente a la pequeña; la virtud, la belleza, riquezas, entre otros. El hada que no pudo asistir a la boda juró venganza y se presentó en palacio y le echó una maldición diciendo: “La princesa se hará daño con un huso al cumplir los quince años y morirá en el acto”. Otra de las hadas, que aún no había regalado don, sin poder evitar el mal anterior, lo modificó diciendo: “La princesa no morirá, pero quedará inmersa en un profundo sueño durante un siglo”.

El rey, que adoraba a su hija para evitarle tal desgracia, mandó quemar todos los usos del reino.

Un buen día, nada más cumplir quince años y quedarse sola en palacio, la niña encontró una habitación desconocida que estaba en una torre y accedió. Allí encontró una vieja anciana que hilaba. La niña le preguntó: “¿Qué haces?” y la anciana le respondió “Estoy hilando, jovencita”. La niña, al ver como el huso se novia con ligereza y acercándose a él, le preguntó a la anciana: “¿Qué es eso?”.

Sin querer la joven se pinchó con el huso en el dedo, se empezó a encontrar mal y se recostó sobre su cama a descansar. De repente, se produjo el encanto y quedo inmersa en un sueño profundo. El encanto no solo afectó a la joven, sino que todo el reino quedó dormido también; los reyes, los miembros de la corte, los caballos, etc.

Con el tiempo creció un zarzal en el edificio y los ancianos del reino, que habían sobrevivido informaban de lo ocurrido a muchos príncipes, que intentaron entrar en el palacio para romper el encantamiento, pero todos ellos murieron atrapados por las espinas.

Transcurridos cien años desde el encantamiento, una mañana llegó a los oídos de un príncipe la historia y lleno de valentía decidió correr el riesgo para conocer a la hermosa Rosa-con-espinas, que era como se referían los ancianos a la bella durmiente. Cuando el principe se aproximó a palacio, la zarza se había convertido en un bello rosal y pudo acceder a palacio. En las caballerizas encontró a los caballos, perros y demás animales dormidos y en los aposentos a la corte del rey. Por fin, encontró la torre donde estaba la Bella durmiente. Al verla, era tan hermosa que no podía dejar de mirarla y se inclinó para darle un beso. Apenas el príncipe acercó sus labios, Rosa-con-espinas se despertó y le sonrió. Juntos bajaron de la torre y fueron viendo como el hechizo se deshacía. Todo el mundo y los animales se despertaron del sueño y meses más tarde se celebró la boda de la Bella durmiente con el príncipe. Juntos vivieron felices para siempre. 

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Los doce cazadores

Los doce cazadores

Erase una vez un príncipe que estaba profundamente enamorado de una joven bellísima. Juntos tenían muchos planes sobre lo que sería su futuro en común. Un buen día, el príncipe fue llamado de palacio porque su padre el rey estaba gravemente enfermo y deseaba verle antes de morir. El príncipe le prometió a su amada partir para palacio, pero volver a buscarla ya siendo proclamado Rey para pedirle matrimonio.

En el lecho de muerte, el padre le hizo prometer al príncipe que se casaría con la princesa que él le designase y el príncipe afligido, aceptó cumplir con el deseo de su padre. Tras la muerte del rey, el príncipe comenzó a gobernar y transcurrido un tiempo prudencial de luto debía cumplir la promesa de desposarse con la joven que su padre había elegido para él.

Su primera novia se enteró de las intenciones del Rey y apenada le hizo prometer a su padre que éste encontraría a once jóvenes iguales que en ella en rostro y estatura. Su padre le presentó las once doncellas y todas se vistieron de cazadores y se presentaron al servicio del Rey. El Rey los aceptó con gusto en la corte.

Sin embargo, en palacio vivía un león mágico que lo sabía todo y de forma leal con su Rey le dijo: “Su majestad, cree usted que tiene doce cazadores ¿verdad? Pues no es así, son doce doncellas”. El Rey no le creyó y el león le propuso llenar de guisantes un aposento y ver como andaban los cazadores. En caso de ser mujeres se sentirían inseguras, cosa que no ocurriría si fuesen hombres.

Un criado del Rey lo escuchó todo y se le contó a las doce doncellas que fingieron ser fuertes y seguras al caminar para no ser descubiertas en presencia del rey.

El león volvió a insistir con el Rey y le propuso una segunda prueba incluir en un aposento doce husos de hilar. Si eran mujeres sonreirían al verlos. El criado una vez más contó a las doncellas los planes y éstas se mantuvieron serias e indiferentes ante las ruecas en presencia del Rey. El Rey pensó que el león le estaba engañando, pero éste le conto lo ocurrido y lo hizo dudar de nuevo.

Un día durante una jornada de caza, llegó al Rey la noticia de que su futura esposa había llegado a palacio, y la joven doncella a la que había jurado amor eterno, al oír la noticia del sofocón que le entró, se desmayó en el acto.

Cuando el Rey se acercó al que pensaba que era su cazador para prestarle ayuda, le quitó el guante y vio la sortija que él mismo le había regalado meses atrás a su novia. Al reconocerla le dijo: “Tu eres mía y yo soy tuyo y nadie en el mundo podrá separarnos”. El rey mandó a un caballero al palacio a informar a la otra joven para que abandonara el palacio puesto que él ya estaba casado. La pareja se casó y vivieron felices.

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Cuentos cortos de princesas

Conoce bonitos relatos sobre el amor entre príncipes y princesas

¿Eres una persona muy romántica? ¿Crees en una historia de amor para toda la vida? ¿Esperas impaciente a tu princesa o tu príncipe azul? Si ese es el caso, seguro que te encantará conocer lindas historias de amor que te permitirán dejar volar tu imaginación y soñar bonito despierto y mientras duermes con los cuentos para niños de princesas.

Aquí en esta sección hemos reunido para ti románticas historias de amor verdadero que no te resultarán indiferentes y te harán imaginar cosas maravillosas. Todos los relatos de esta sección tienen un final feliz que te dejará muy buen sabor de boca, porque el amor siempre debe reinar allí donde exista, ¿verdad?

Déjate cautivar por las hermosas princesas y los apuestos príncipes azules que protagonizan cada uno de los bellos cuentos que te presentamos a continuación. ¡Es hora de fantasear! Hay cuentos

Cuentos de princesas para niños
sobre príncipes y princesas más cortos y otros de mayor extensión. Tú decides en función del tiempo del que dispongas o de tu interés particular por cual empezar. ¡Verás que historias tan diferentes y tan interesantes!

Aunque los cuentos de príncipes infantiles suelen tener mayor aceptación entre las niñas, también es conveniente presentárselas a los niños, porque suelen encerrar enseñanzas de respeto, valor y amor hacia la figura femenina y es primordial que interioricen y acojan estos valores cuanto más pequeños sean, para garantizar que sean hombres de bien en el futuro.

¡Venga! ¡Es hora de disfrutar! Entretente leyendo bonitas historias y elige tus personajes favoritos de los cuentos de princesas, aquellos con los que te sientas identificada.

También puedes pedir a tus padres o abuelos que te cuenten sus lindas historias de amor, como se conocieron, como se enamoraron, como fue el primer beso. Te encantará conocer de primera mano los más bellos relatos de amor que surgen de experiencias personales reales.

Quizás ellos también puedan contarte cuentos de princesas que desconozcas pertenecientes a otras culturas. Aprende las historias más bonitas de romanticismo para continuar con la difusión de los cuentos que se lleva haciendo desde hace siglos de generación a generación. Así contribuirás a mantener viva la cultura y además irás cogiendo el hábito de la lectura que tantas satisfacciones te aportará en el futuro.

Y ahora si te apetece seguir leyendo otras simpáticas historias ¿por qué no pruebas a descubrir la sección de cuentos populares que es súper divertida? Descúbrela ahora y pasa una jornada llena de entretenimiento y diversión.  

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